Siento una tristeza irremediable y al mismo tiempo una felicidad incontenible de estar triste. Es esa contradicción, esa ironía tan natural, de saber que siento y que sintiendo me hago parte del todo, parte del mundo y del infinito, que estoy viva, más viva que nunca. Si no sintiera…sería lo más triste de este mundo. Y aunque sienta demasiado, sentir me conecta con mi esencia. SOY lo que SIENTO, no lo que hago o digo, o pienso o construyo, o estudio o analizo, SOY lo que SIENTO ahora.¿Y cómo hace uno para comprenderlo? ¿Dónde está el entendimiento? ¿Cuántas razones deben existir para comprender los hechos más tristes de esta vida? ¿Dónde están las explicaciones que me aliviarán? Tal vez se perdieron en el camino, o se las llevó el infinito, porque hacia allá vamos y aunque nos cansemos de buscarlas, en esa trayectoria, será muy difícil y hasta imposible encontrarlas. Y aún encontrándolas habremos satisfecho solamente a nuestro pensamiento, pero no a nuestro corazón. La verdad está justo ahí, y es una sensación. Recién entonces, cuando dejemos de buscarla y comencemos a sentirla, podremos amar la verdad. Y habrá paz, y con la paz no existen los imposibles. La ubicuidad podrá suceder solamente donde haya paz.
Hay un cosmos adentro nuestro. De estrellas estamos hechos y sólo brillan las que dejemos brillar, como dice la canción. Donde no haya una encendida será porque la hemos condicionado, la hemos reducido a una función que no es propia ni digna de ella, se la adosamos, la domesticamos así. Porque si cerrás por un instante tus ojos, podrás verte lleno de luz, y podrás recomenzar cada día, a cada instante, olvidando lo que fuiste para renacer una y otra vez. No te apagues. Vivir requiere esfuerzo, lo sé.
Siento desesperación porque desearía desde lo más profundo de mi ser que vuelvas a ser un niño, inocente y lleno de vida, para vivir el dolor con mayor naturalidad. Necesitás ser un niño otra vez, un niño que disfruta aún en la tristeza, porque la incorpora a su cuerpo, la naturaliza. Tu memoria no te permitirá naturalizar el dolor ni llevarlo dentro de tu cuerpo como un órgano más, metértelo adentro, desparramarlo, regarlo con tu sangre, incorporarlo a tus células, dejarlo ser, fluir, hacerlo formar parte de vos, y así vivir en la salud. Sin olvidar, liberate de los recuerdos, de su constancia en la memoria, hacelos pedacitos e incorporalos a tu arcilla para poder ser lo que sos y mucho más.
Necesitás volver a ser un niño, para carecer del sentido de la posesión y asegurar con la más incorruptible garantía, que sos millonario con veinte centavos, que tu reino, como el del Quijote de la Mancha, no tiene fronteras aunque la realidad te vomite su más cruel verdad diciéndote que ese magnífico reino cabe solo en tu cuarto de doce metros cuadrados. Dejá que tu reinado dure una eternidad en apenas dos horas y media de juego. Esa es la verdad más absoluta, tu alegría, tu trinchera, tu oasis en medio del desierto, tu guarida. Un mundo hecho de chocolate, como el que ocupaba tus sueños cuando dormías. La felicidad en su versión más pura.
Aunque el dolor sea un camino solitario, desearía tener ese poder de sanación, abrazarte con toda la alquimia de mi ser para liberarte de él. Y convertir el barro en oro y meterme en vos y jugar a que no tener algunas cosas es una parte indispensable de la felicidad, a que si algo no puede cambiarse, habrá que cambiar la mirada sobre ello, como los niños que pueden alimentar a sus muñecos con un plato de nada: los muñecos no engordan, engorda la mirada del niño que cree en la magia y puede agigantar sus ojos sin tomar la sopa de mamá.
No hacen falta explicaciones, tu razón te limita, te condiciona, es tu propia cárcel. Sentí, sentí con ganas, llorá con ganas, tocá con ganas, reí con ganas, comé con ganas, escuchá con ganas, cantá con ganas, conectate con el mundo y entonces…nada dejará de existir. Porque somos estrellas, eternas estrellas, interconectadas, mutables en forma, inmutables en esencia. Nada se pierde, todo se transforma. Cuando ames esa verdad…encontrarás todas las respuestas. Encontrarás la paz.
Fotos: Mauricio Miramontes.
Diciembre de 2011.-
Diciembre de 2011.-
