De amores platónicos y aristotélicos

domingo, 7 de febrero de 2010
Platón dijo que la realidad verdadera son las formas ideales, de las que las cosas concretas no son más que copias. La idea de la cosa es su esencialidad, es la verdad absoluta, y la cosa es sólo una apariencia de la idea que sólo puede ser en el mundo del más acá. Aristóteles, en cambio, no separó el mundo en dos, sino que lo generalizó y dijo que esas ideas son la forma de la materia, el barro del ladrillo, el ladrillo de la casa.
Mi amor es un libro de filosofía. Mi amor es un amor platónico cada vez que puede sentirte sin sentidos para hacer que vivas adentro mío, y saberte real en el más allá sin estar en el más acá. Y a veces es aristotélico también si la quimera está presente en el seno de un sólo mundo, cuando por ejemplo te volvés forma para mis relatos que son la materia. Los amores platónicos son más peligrosos que los aristotélicos porque éstos últimos al menos están en un sólo mundo en el que hay producción de materia y devolución al exterior. Hay que tener cuidado con las fantasías platónicas, ser soñador no está mal y hasta puede ser verdad lo que decía Platón acerca de las ideas, pero sin dudas que difícilmente habría ideas sin sentir el mundo exterior, sin servirse y hacer uso de al menos un par de sentidos. El mundo de las apariencias es el nutriente del mundo de las ideas. Como tus besos lo son para mi imaginación...Y en el mundo de las formas y materias, puedo darle forma de ficciones a tus caricias y dibujar en un papel el ruido de tus susurros...Nada es más verdadero que las sensaciones...

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