La danza del encuentro

sábado, 20 de febrero de 2010
Sucedió en otro tiempo y en otro lugar, ni muy lejos ni muy cerca, tan sólo fue un momento en la inmensa humanidad. Se apagaron las luces o las velas, simplemente oscureció. Sin poder verse, parados frente a frente, él la sostuvo por la cintura con su hábil brazo y fue recorriendo la más fina envergadura de su cuerpo, hasta apoderarse de él y transformarlo en su reinado. Ella, entregada al estremecimiento acusado por los cabellos de su piel, fue arqueándose lentamente. Levantó su pequeño brazo como apoyándolo en una nube invisible de aire hasta que, por ese irrazonable fenómeno, otra mano se dobló sobre la de ella, envolviéndola en una perfecta coincidencia. Quiso avanzar, pero una pierna se lo impidió. Estaba acorralada, secuestrada por la misma libertad, poseída por el cuerpo del otro, imantada y sin respiración. Hubo un suspiro cuando ambos levantaron sus cabezas...y se miraron. Era la posición más sublime de sus cuerpos, la existencia más absoluta, dos cuerpos energéticos a punto de liberarse sólo con un aleteo, un susurro, un pestañeo. Todo estaba quieto y en silencio, los cinco sentidos celebrando la comunión, la tierra girando y entonces...empezaron a bailar.
Año 2006

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